Mientras los Evangelios canónicos inician el relato de María con la Anunciación, la piedad cristiana de los primeros siglos guardó con celo los detalles de sus primeros años. El Protoevangelio de Santiago, un texto venerado por la Tradición, nos abre una ventana a la infancia de aquella que fue preservada de toda mancha.
En Siguiendo los pasos de la Virgen María, nos sumergimos en estos relatos que, aunque no forman parte del canon bíblico, han moldeado la liturgia y el arte de nuestra fe.
1. El milagro de la concepción: Joaquín y Ana
El relato comienza con la tristeza de Joaquín y Ana, una pareja justa pero estéril. En aquel tiempo, la esterilidad era vista como un oprobio. Joaquín se retira al desierto a ayunar 40 días, mientras Ana llora en su jardín.
La respuesta del Cielo fue inmediata: un ángel se aparece a ambos anunciando que concebirán un fruto que será “hablado en todo el mundo”. Así, la infancia de María nace de la oración y el sacrificio, preparándola para ser la Puerta del Cielo.
2. Los primeros pasos en santidad
Se cuenta que, a los seis meses, Santa Ana puso a la niña en el suelo para ver si podía mantenerse en pie. María dio siete pasos y regresó al regazo de su madre. Ana, comprendiendo la sacralidad de su hija, decidió que María no caminaría por suelo “profano”, convirtiendo su habitación en un santuario donde no entraba nada impuro.
3. La Presentación en el Templo: Un corazón entregado
El momento más cumbre de su infancia ocurre a los tres años. Cumpliendo la promesa de sus padres, María es llevada al Templo de Jerusalén.
El texto describe una escena gloriosa: Joaquín llama a las hijas de los hebreos para que, con lámparas encendidas, escolten a la niña. María subió las gradas del altar sin mirar atrás, con una madurez divina. Allí vivió en el Templo, “alimentada por la mano de un ángel”, creciendo en oración total hasta su desposorio con San José.
¿Por qué es importante este relato para nosotros hoy?
Aunque el Protoevangelio es un texto apócrifo (en el sentido de que no es “inspirado” como la Biblia), la Iglesia ha extraído de él verdades teológicas profundas:
- La Inmaculada Concepción: La pureza extrema de María desde su origen.
- Su Consagración: La idea de que María siempre perteneció a Dios, incluso antes del “Sí” al ángel Gabriel.






