La historia de la Nueva Jerusalén en Michoacán está tejida con hilos de fe, apariciones y testimonios que desafían la lógica humana. Uno de los relatos más profundos y cercanos a los protagonistas es el de Don Salvador Murillo, un hombre cuya vida cambió radicalmente tras un milagro de sanación y que terminó convirtiéndose en una pieza clave en la historia del cuadro sagrado que preside el altar mayor.
En este artículo, desglosamos los puntos más impactantes de su entrevista, dividida en dos partes, donde narra desde su curación física hasta sus encuentros con Mamá Salomé y la Madre Guadalupe.
1. El Milagro de Sanación: De la Epilepsia a la Fe
Don Salvador relata que, antes de conocer la ermita, padecía de epilepsia severa. Sus ataques eran diarios, lo que afectaba su vida y la economía de su familia debido a los altos costos médicos.
Fue a través de una vecina que escuchó por primera vez de la Virgen que se aparecía en Michoacán. Con una fe desesperada, decidió viajar a la Nueva Jerusalén en 1975. El resultado fue inmediato: desde el día que pisó el lugar, los ataques cesaron por completo. Este milagro patente lo llevó a dedicar gran parte de su vida a organizar peregrinaciones, llegando a llevar hasta tres autobuses mensuales llenos de fieles.
2. El Misterio de la Pintura: La Madre Guadalupe y Papá Nabor
Uno de los momentos más fascinantes de la entrevista es la conexión de Don Salvador con la Madre Guadalupe, la religiosa de Morelia que pintó la imagen de la Virgen del Rosario.
Don Salvador revela detalles sobrenaturales sobre la creación del cuadro:
- El cuadro que “no quedaba”: La Madre Guadalupe le confesó que, durante mucho tiempo, la pintura simplemente no tomaba forma; la cara de la Virgen no parecía ser “ella”.
- La confirmación mística: Un día, Papá Nabor (fundador de la Nueva Jerusalén) llamó por teléfono a la Madre Guadalupe y, sin haber visto el cuadro, le dijo: “Ahora sí ya quedó”. Ella se quedó atónita, pues apenas acababa de terminarlo y nadie más lo sabía.
- Un cuadro vivo: Don Salvador describe la imagen como algo que “casi solo le falta hablar”, destacando la mirada profunda y la presencia real que emana del lienzo.
3. Vivencias con Mamá Salomé
Don Salvador tuvo el privilegio de tratar cercanamente a la vidente Mamá Salomé. La describe como una mujer de una sencillez extrema que siempre caminaba descalza.
Recuerda con especial afecto la “época dorada” de la ermita, donde las conferencias y el ambiente entre los fieles eran de una caridad y un amor que difícilmente se encuentra hoy en día. También menciona una advertencia importante que ella le hizo: “Después de mí vendrán muchos videntes tratando de ocupar mi lugar, pero ninguno será…”.
4. El Fenómeno del Cuadro “Llorando” o Destellando
En la segunda parte del testimonio, Don Salvador narra un evento extraordinario ocurrido durante un traslado del cuadro. Varias personas notaron que la imagen parecía estar “despintándose” o escurriendo agua. Al llegar a su destino, el cuadro estaba literalmente empapado por dentro y por fuera, como si estuviera sudando o llorando. El Padre Israel, al revisar las pinturas finas que se habían usado, confirmó que era imposible que se estuvieran deshaciendo por causas naturales.
Conclusión: Una fe que trasciende
El testimonio de Don Salvador Murillo no es solo el relato de un milagro personal, sino una crónica histórica de los cimientos de la Nueva Jerusalén. Sus palabras nos invitan a reflexionar sobre la pureza de la fe inicial y la importancia de los “vasos” (videntes) que, como Mamá Salomé, dedicaron su vida a transmitir un mensaje celestial.
Para Don Salvador, la Virgen del Rosario sigue estando “viva” en su cuadro, y su misión de llevar almas a sus pies continúa siendo el motor de su existencia.
Si quieres ver la entrevista completa y escuchar de viva voz estos relatos, puedes acceder a los videos originales en los siguientes enlaces:








